Familia y vida de los adolescentes

12.03.2017 23:31

La adolescencia es un momento especialmente importante en la vida de cada uno de los seres humanos, en particular en Occidente, ya que es el período donde se consolida la identidad, se producen cambios sexuales y sociales, se fortalecen valores, se dan pasos vocacionales fundamentales y, finalmente, se inicia una independencia más efectiva de los padres. Es una etapa de la vida donde la gran mayoría alcanza una integración personal y social; la puerta de entrada para asumir responsablemente y con compromiso el llegar a ser jóvenes-adultos realizados, equilibrados y seguros. Los padres, y la familia en general, tiene un rol en este caminar. Por un lado el acompañar cercanamente este proceso sin sabotearlo ni llenarlo de frustraciones y, por otro, el hacer un uso de la autoridad equilibrado y que permita el crecimiento. De hecho autoridad significa “sostener para crecer”.

La situación de los adolescentes chilenos tiene dos caras. La primera implica mayores grados de libertad, acceso a la educación, oportunidades crecientes dado el menor tamaño de las familias, libertad en la elección de pareja, deseos de cooperar socialmente con otros, aspiracione s de mayor igualdad, etc. La otra cara es el aislamiento en que muchos se encuentran, las tensiones provocadas por la competencia en todos los ámbitos de la vida, los prejuicios que les impiden crecer en lo social, el maltrato a su cuerpo, como elevados consumos en los alimentos, cigarros, drogas y alcohol.

Estos adolescentes son de los más obesos, fumadores y consumidores de alcohol de nuestro continente, lo que les genera grandes obstáculos en la camino a un mayor desarrollo.

En cada una de nuestras casas podemos hacer mucho para aminorar estas conductas riesgosas y potenciar las riquezas de los jóvenes, que les permitirían crecer y realizarse, partiendo por los padres que estamos llamados a comportarnos como adultos empáticos y serviciales, presentes y comprometidos, con proyectos de vida claros y comportamientos consecuentes con ellos, haciendo un uso de la autoridad que efectivamente ayude a nuestros hijos adolescentes a una creciente autonomía y a ir tejiendo ya su propia interdependencia.

En el clima familiar es necesario darnos tiempo para estar juntos, dejar espacios para conversar, pasear y divertirnos. Este duro período de la vida pasa, no permanece para siempre, aunque cuando no se logran resolver bien las tareas que implica, algunos se quedan atrapados en actitudes propias de esta edad y después los vemos como adultos teniendo comportamientos de adolescentes.

Como padres no podemos descuidarnos. Es necesario que les permitamos crecer, que apliquemos amor y rigor para que puedan integrar sus personas y ocupar un espacio en la sociedad, con su rica identidad, valores y proyecto de vida singular. Vale la pena hacerlo, por el bien de ellos, de nosotros y de nuestra sociedad.